sábado, 2 de abril de 2011

Los diarios, impresos, nunca son neutrales

Y creo que nunca deben serlo. No serían diarios, serían otro medio. Le guste a quién le guste. Esta entrada nace de unos días de intenso debate en otros ámbitos profesionales argentinos en los cuales me sorprendió por momentos la virulencia de la intolerancia ante el debate de ideas, ante la presentación de diferentes miradas o posiciones no necesariamente opuestas sobre un mismo tema, en un caso tipografía, medios e ideología en otro sobre coberturas peridísticas. ambos en foros distintos. La descalificación siempre tan sutil y obvia al mismo tiempo sobrevuela muchas argumentaciones en los medios, redes sociales, foros o grupos de discusión profesional. Pero me llamó la atención como el tema ideológico mediático generó una urticaria para mi tan inusitada como sorprendente. ¿Cuál es el problema moral de ser un medio de izquierda o de derecha en el sistema democrático?, ¿Cuál es el problema o pecado que hay que punir por el hecho de pensar distinto al poder político, económico o mediático sean del lado que sean estos poderes?

Si, los medios impresos, sobre todo los diarios, nacen con un alto componente ideológico más liberal, más conservador, con inclinaciones más a la derecha o más a la izquierda, pero posición ideológica, política y cultural al fin. Y más política que cultural, coincido con en esto con Miguel Angel Bastenier. ¿Y esto es malo o bueno?. Nada de eso, y desde mi perspectiva creo que es absolutamente necesario que sean así. Lo he escrito y dicho miles de millones de veces: un diario es una forma de ver el mundo y esa forma es diferente a como la ve por ejemplo Liberation de como la ve Le Figaro. Ambas legítimas. AMBAS, no una por sobre la otra. En Argentina sería lo mismo si uno lee Página 12 o La Nación. Pero la legitimidad de las miradas sobre el mundo, no es el punto sino la honestidad de esa mirada y la calidad de la praxis profesional que se vuelca en esa mirada y la edifica. No soy ingenuo, está más que claro cuando, a ambos lados de esa forma de ver el mundo, no se hace en forma honesta ni mucho menos con la calidad profesional esperada. Intuyo que los lectores, que no son tontos, se han dado cuenta. Y si nos basamos en los reiterados informes de baja de ventas de periódicos impresos no sólo en Latinoamérica sino en el mundo y aún con los matices de cada mercado creo que es más que evidente que se dieron cuenta. Y decidieron tomar cartas en el asunto y ahora interactúan ellos mismo en las redes sociales, foros y demás espacios que se fueron abriendo. Que lo hagan bien o mal o los temas que traten sean del agrado de los medios, es otra discusión pero están ahí y no leyendo los diarios impresos y no creo que sea a esta altura una cuestión de soporte, es decir no los leerán en digital de gratis o de pago si no hay un cambio profundo al mismo nivel que se ve en lo político, económico y social que hay en la mayoría de los países de Latinoamérica en este momento más allá de los gobiernos y su grosor político ideológico. Cuando me refiero a que no los leerán me refiero a considerarlos fuente creíble. Los pueden leer pero no les creerán. Fatal para un diario en el soporte que sea. Pero creo que la culpa es de ellos mismos, nadie es creíble en si mismo sino por delegación y esa confianza se quita con mucha rapidez y no se devuelve con la misma rapidez.

Estoy convencido de que (y aún a costa de sonar canónico) en parte esa pérdida de influencia social por la consecuente baja de venta es por algún tipo de renunciamiento a defender en forma honesta las ideas que sustentaron en algún momento de su historia y ese renunciamiento se evidencia en la no articulación de debates públicos de ningún tipo que no estén alineado o no vayan más allá de los intereses del poder en general y de las propias empresas periodísticas en particular. Además de las malas praxis profesionales que se suman a esto. Lo curioso del caso es que en la red de redes pasa todo lo contrario. En la red se cuestiona al poder y se ve a los medios como parte de ese poder y lo curioso es que sin asumir en la mayoría de los casos el debate que propone determinado poder, los usuarios no le tienen miedo. Miremos lo que pasó en Egipto. Se vio también con lo de Wikileaks, mientras lo diarios hacían un esfuerzo titánico para publicar el último cable, en muchos sitios de la red se cuestionaba la bueno o malo de Wikileaks, se dudaba incluso de su utilidad en el futuro, algunos lo defendían, otros dudaban si lo que salió a la luz era en realidad la confirmación de prácticas de la diplomacia americana que de alguna manera ya se tenía conocimiento. Al menos no leí en diarios latinos casi nada de esos enfoques.

Hoy en las portadas de la mayoría de los diarios sólo vemos el discurso de los poderes que se pelean entre sí mismos, incluido el de las propias empresas periodisticas, pero discursos ciuduadanos y de construcción de un sistema político viable, sustentable, democrático, nones. Lo peor de todo es que en esa pelea siempre nos jodemos los lectros y los ciudadanos.
Ni hablar sobre las coberturas que se hacen de los temas relacionados a la juventud (siempre bajo el enfoque de los problemas, nunca desde del de los dilemas). Con esos enfoques, sólo el de los problemas, seguro que los jóvenes volverán a conectar con los diarios impresos. No se trata de no hablar de problemas, pero dejar siempre la misma fotografía de la juventud, así la están pagando los diarios impresos. Cuando en lugar de articular una mirada propia, articulan la mirada de los poderes fundiéndose con ellos, muestran una lucha que en realidad es un vacio, al menos en el caso argentino, de un discurso opositor político serio. y ante esto, el poder no tiene nada mejor que pelearse con los medios por que el poder también necesita autoreferenciarse en un oponente que no deberían ser los medios, sino la oposición política con ideas y discurso político serio ausente en la Argentina de hoy.

En muchos casos la línea que separa la evolución de una empresa periodística convertida en un grupo económico en Argentina, Estados Unidos, Chile o donde se quiera, choca de frente y sin frenos con los intereses de la mayoría de los ciudadanos comunes y si a esto se le suma que la división entre poder político y fáctico en muchas casos es muy difusa, como se ve día a día en nuestro continente, la cosa se hace mas resbaladiza y peligrosa, sobre todo cuando vemos medios vociferando independencia y al mismo tiempo inmolarse en plaza pública por que un gobierno no les da pauta oficial. ¿Cuál es el valor de la independencia o en que términos la medimos?

En todo esto además también influye el no haber podido adaptarse del todo a los cambios políticos y a no entender el fenómeno de las redes sociales y el cambio de paradigma social que impone la masificación de la red de redes. Ante esto último sólo se le hecho la culpa a Internet de todo mal y la gratuidad que trajo en los contenidos y a todo otro cristo joven que no lee más diarios impreso. Mal. Grosero error. Los diarios no deben ser neutrales pero hoy vemos una foto ambigua y muy extraña en la que los diarios se presentan como seudos neutrales en Argentina, cuando no lo son por definición y la supuesta neutralidad que autoedifican, parapetada en la libertad de prensa, es tán volátil por que en lugar de ideas que la sustenten en un discurso público y sobre todo socialmente aceptado como un valor común, se mueve por intereses casi siempre económicos y políticos coyunturales y que las crisis económicas pasadas a su vez, van dejando como lastre en la industria.